Rojo y amarillo

13.02.2025

La criatura de cabellos rojos
salta del vagón
y atraviesa túneles por raíles de la memoria.

Viene cada noche a la cabecera de la cama:
llora sobre mis manos ventiscas de otros tiempos,

furtivos, huyendo del grisú.

**

En mi cuarto abría la colección de mariposas
clavadas con alfiler,
como si fuera apacible
el sueño de la belleza.

Mientras, en la cocina, freían los aros de cebolla,
subiendo por los humos las voces del desafuero.

Oía gritar a mi padre.

Sus gritos amenazaban
con quemar las nubes.

Yo me tumbaba, bocabajo, en el colchón.

Sobre el incendio del paraíso,
tanto odio, lacerando la inocencia,
dejándome vacío y lleno de rabia,
con borrones, gruesas tachaduras
y grandes agujeros en la memoria.

Aún queman los fogones del recuerdo.

Arden mis manos
por sujetar al demonio.

Siento lástima

por aquel niño cubierto de cicatrices,
que cada noche orina en el infierno
y pinta sus dibujos con plastidecor

rojo
y amarillo.

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