Rizomas

11.11.2025

LA AVENTURA DEL SABER

Tratemos de indagar el movimiento conforme describimos la acción.

Tratemos de averiguar Quién es Quién o Qué es Qué mientras todo se transforma.

Decimos que la percepción es movimiento correlativo, simultaneo, en la infinitud. Dicho movimiento hace aparecer los objetos en el campo de cognición, a su vez, el sujeto que los percibe. El propio movimiento de la percepción genera el espacio, donde aparecerán nombres y formas, y crea, también, el tiempo, la distancia entre objetos, entre sujeto y objeto, entre vacío y forma.

Utilizaremos como sinónimos percepción y atención. Así, es la atención origen de cuanto nombramos a través del lenguaje.

Sirva de ejemplo una ventana, como delimitación de una forma en el espacio. Imaginemos a Alguien tras la ventana.

Dicha ventana permite mirar en ambas direcciones, desde dentro u afuera del piso.

Cualquier descripción que hagamos de esta realidad con todos las posibles variables de la percepción quedará registrada en la memoria, la del cerebro humano o la propia de la tecnología.

Decimos, entonces, que hablar o escribir consiste en verbalizar, describir el movimiento de la percepción-atención registrado en una memoria.

La imposibilidad del lenguaje es no atrapar in situ el movimiento, es a posteriori que elabora un mensaje por comunicar, acudiendo al almacén de información registrada.

Sabemos que hay una cinta de grabación o tarjeta sim donde toda la acción se registra; hay permanencia de la acción en el pasado mientras estamos en el presente. El futuro será la proyección que hagamos desde la memoria con el fin de obtener algún resultado.

Entendemos por error (el pecado según la religión, origen de la infelicidad), no vivir plenamente en la atención presencial, quedando así condicionados a una grabación en la memoria.

—Surge una pregunta: ¿el movimiento puede quedar registrado?

Cabe aclarar en este punto de la exposición, que, en determinados momentos, según donde nos hallamos, aparece un monje con el cual conversamos respondiendo a los interrogantes.

Son ahora las cuatro de la mañana, llegamos a un camino que sube por la ladera de la montaña de Montserrat, tras del monasterio, justo a la entrada de un antiguo cementerio; sobre un muro de piedra está sentado el monje, con él hablamos en un plano sutil, de manera intuitiva, sin hacernos presentes, pues urge, ahora más que nunca, la total renuncia a los nombres y las formas que tanto obsesionan y atrapan al ser humano. Esto con el fin de agudizar la atención plena, fuente de la verdadera felicidad, de la cual gozamos y queremos compartir.

—A tu pregunta, querido hermano, respondemos: el movimiento no queda nunca atrapado en un reflejo. La memoria pertenece a un órgano o dispositivo, es una cinta donde se depositan restos de energía e información cuando hay movimiento. Hay un circuito neuronal o de la tecnología que capta parte de dicho proceso. Así sucede en la física cuántica, por la cual ustedes mismos han desarrollado una potente tecnología móvil e informática. Sabiendo que dicha información se presenta por cuántos, es decir, fraccionada, de forma discreta, pueden afinar dispositivos para captar dicha información y almacenarla en paquetes informáticos de memoria. Sepan, entonces, que hay una grabación, un pobre reflejo del suceso, de la acción, del movimiento. 

—¿Qué es, entonces, el movimiento?

—Todo reflejo implica una distribución y correlación de formas con nombre en el espacio-tiempo. Ofrecemos, ahora, una muestra plástica de dicho proceso con el ejemplo de la ventana, que antes mencionamos.

Digamos que hay Alguien tras la ventana. En el momento en que la atención se focaliza en un determinado punto, se define a ese Alguien. ¿Quién es?

Podemos definirlo como una persona. También como una masa borrosa, por ejemplo, desde la visión de un mosquito que vuela por la habitación.

El número de definiciones será infinito, según se focalice la atención, según los órganos o antenas que procesan la información; como vemos, tiene los suyos el mosquito.

Dicha persona sostiene un móvil. Lo enciende, conforme se ilumina la pantalla, ve un rostro reflejado. Cualquier superficie es válida para el reflejo.

La acción no se detiene, enciende un cigarrillo e, incluso, a sí mismo se pregunta, ¿ quién enciende el cigarrillo?

Hallamos en esto la tabla para la salvación, es decir, vivir en la plenitud de la felicidad y no en el engaño de la ignorancia.

—Sin embargo, sigo sin comprender, ¿ qué es el movimiento?

—Cabe, entonces, comenzar, en este mismo punto en que te hayas, la aventura del saber. 

Ahora somos nosotros quienes preguntamos: ¿Tú Quién eres? ¿Qué haces aquí?