Palosanto
Uno acompaña a la Muerte,
con ojos grises, intempestivos,
dulcemente, rebana los sesos
con la música de doble filo.
Otro es el Hijo,
artífice de serafines,
que da el fruto redondo,
de piel delicadísima,
adornando la savia.
Figura triste
junto a la acequia,
invocas a la Madre
Tierra -Virgen oscura
de insondables aristas-.
Silente,
el silencio tiene forma
de emperatriz;
conmovido por el viento,
musicalmente, acaricia
unas manos cansadas.
Ya sabes,
la dicha es la prolongación
de mi Nombre,
que da la paz a las raíces
donde la fe se entierra.
Conoces
la separación de los hijos
que a Mí regresan.
Hete aquí:
Palosanto
viendo al abuelo
que coge caquis
para los niños.