Hombres de negro

01.05.2025

A J. Ángel Valente,

que asomado a la almena

contemplaba la Rosa.



Las tripas del antílope o el vejamen a la entrada del cementerio,

elige, pero no te demores contemplado esos cipreses robustos

en demasía para un tiempo escuálido de atardeceres con rosas.

La frígida contienda con el instinto, te lleva a la tumba, a esta hora

las mujeres lamentan haber traído al mundo a seres deformados

y pervertidos por la insalubre fetidez de la placenta esterilizada.

No quieras saber qué hacemos con nuestras manos grandotas,

pues de nada puede servirte conocer a quienes estamos de más,

quiero decir, a la sombra de los tiempos pensando la existencia.

Inoculamos la información expandiendo las redes del infinito.

No pienses que vemos la realidad o te vemos a ti mismo igual

que percibes con tus sentidos y te ves a ti mismo en el espejo.

Solo has de saber que, si eliges conscientemente entrar ahora,

habremos coincidido en el instante decisivo de la programación,

con lo cual pasarás a ser, no uno de nosotros, como seguramente

piensas, sino otra cosa distinta; esa cosa auto lumínica por la cual

somos nosotros quienes programamos la creación desde el vacío

destruyendo, ¿ cómo sino vamos a devolver el tiempo malgastado?

Así que entra de una vez, pasando por esas tripas tan asquerosas,

con tu boca abierta al sol, y sonríe, como una rosa resplandeciente,

porque eres el mismo; ayer, hoy y mañana. Amén, por ti tributamos.