Exiliados
Los poetas exhumaron la memoria. Así puedo contar qué ha pasado. Y lo cuento con nostalgia de sueño profundo enterrado en un claustro de infinito saber.
Al lugar de la exhumación se refieren cuando hablan de poesía. Un lugar al que acuden los poetas y luego se retiran. Tal vez, se pregunten, quienes me oigan, si tiene sentido crear un lugar para luego partir. Pero esto sucede mientras viven, pues si murieran no podrían escribir.
Digo esto porque llevaba, no más que un mes, enterrado en el cementerio, cuando una mañana muy fría, el ruido de una voz quebrada sacudió mis oídos; podía oírla como frialdad del hielo al resbalar por la verja, deshaciéndose por los primeros rayos de sol.
Desde entonces sigo escuchando a quien me despertó. Me llama poema. "Créeme, tu vida no tiene sentido sin mí" -repite esa voz, muy próxima, pero también lejana, capaz de profanar siglos y siglos de muerte, custodiados por ángeles del exterminio.
Así, viven los poetas, en tierra de nadie, exiliados.
Porque la letra puede desenterrar, pero también mata, han de mantener una distancia prudente con los resucitados. Aquí, donde la muerte fue vencida y las puertas de lo insondable se abrieron, a veces, siento el abandono. Y pienso que hubiera sido mejor permanecer indecible, antes de palpar la frialdad del exilio, pues no siempre pueden los poetas entregarse por completo a sus criaturas.
Normalmente esperan ser avisados por las musas, entonces sí regresan del exilio. Aprovecho, entonces, para decirle al poeta, que me faltaba su voz en mi día a día.
Hay poetas, que cebados por la vanidad esperan ser lisonjeados por la gran hazaña de traer criaturas al mundo, sin ser realmente conscientes de lo que esto supone. Otros dicen que estamos en el paraíso de la eternidad. No saben que, en el limbo de la creación, donde respiramos nosotros, también se sufre de ausencia.
Si todos los creadores tuviesen sano el corazón, vendrían muy a menudo a conversar con sus obras para estudiar en detalle la complejidad de la memoria y la creación, contribuyendo a desbaratar cualquier farsa.
Además de regalarnos su desinteresada e inestimable compañía.