Abusada

08.05.2025

El pánico te ataca disparando,

sobre el plexo solar, mortales balas,

parecidas a pájaros sin alas

que caen, mientras tú sigues cargando

el revolver. Apuntas al verdugo,

que abusaba de ti cuando eras niña,

y escupes al pasado que escrudiña

tu carne deformada por el yugo.


Queda, como un tachón, aquella tarde,

en la pared del cuarto de herramientas:

un sol quitando pobres vestimentas,

cayendo con la furia del cobarde,

quebrantaba cabellos incendiados

y rompía la blusa de las flores.


Querías escapar de corredores

de la muerte; tus ojos, tan cansados,

solo esperaban desaparecer.


Hundiéndote en el sordo parapeto,

que a tu padre cubría de respeto,

pobre niña, que nadie quiso ver.